No pienses que te escribo porque no me atreva a hablarte. Cuando quieras, donde sea. Te escribo porque me gusta escribir y además, –el puntito narcisista— confieso que siento cierto placer cuando me leen. Porque cada palabra está en el lugar en el que debe estar, todas cuidadosamente pensadas para que cualquiera que se enfrente al texto pueda sentir como yo siento. Con olores, sabores y texturas. Me maravilla la importancia que tiene el saber escoger cada palabra para plasmar con la mayor fidelidad lo que estás imaginando. Una palabra mal elegida, puede estropear el sentido de todo el texto. Es fascinante la cantidad de mundos que se pueden inventar con sólo veintitantas letras.